El paso del Mundial de Moto2 por el exigente trazado del Chang International Circuit dejó sensaciones encontradas para Álex Escrig. El piloto de Puçol mostró durante gran parte del fin de semana un rendimiento competitivo que confirmaba su progresión, aunque diversos factores terminaron condicionando el resultado final en carrera.
Desde las primeras sesiones en Buriram, el samurái dejó claro que estaba preparado para pelear por posiciones delanteras. El viernes fue especialmente positivo y el sábado por la mañana mantuvo la misma línea, consolidándose como uno de los pilotos con ritmo para aspirar a un buen resultado en el Gran Premio.
Sin embargo, la clasificación cambió por completo el guion del fin de semana. En la Q2, una combinación de circunstancias impidió a Escrig completar una vuelta rápida competitiva. El valenciano no pudo registrar ningún tiempo válido en la sesión definitiva, lo que le obligó a salir desde la 18ª posición en parrilla, un punto de partida muy lejos de su verdadero potencial.
Pese a ello, el piloto de Puçol afrontaba la carrera con confianza en su ritmo para remontar posiciones. Pero el domingo volvió a complicar las cosas. La prueba estuvo marcada por banderas rojas que fragmentaron el desarrollo normal de la carrera y terminaron reduciendo la distancia final a tan solo siete vueltas, un escenario poco favorable para quienes necesitaban remontar desde atrás.
A esta situación se sumó otro factor clave. Tras la FP2, introdujeron algunos cambios en la puesta a punto que no pudieron confirmarse correctamente en clasificación, y que en carrera tampoco ofrecieron las sensaciones esperadas.
El piloto valenciano también analizó cómo afectaron las interrupciones y los ajustes de la moto al resultado final. “Teníamos ritmo para remontar, pero la carrera estuvo llena de banderas rojas y al final hacer una carrera a siete vueltas era muy difícil para recuperar posiciones. Además, después de la FP2 hicimos unos cambios que no pudimos confirmar en la Q2 y en carrera tampoco me encontré con las sensaciones que esperaba”, explicaba Alex tras la carrera.
Aun así, el balance final deja puntos positivos. Escrig logró salvar el fin de semana puntuando y terminando cerca del Top 10, cumpliendo uno de los objetivos marcados y sumando kilómetros de aprendizaje en una temporada que sigue siendo de crecimiento.
Con la mirada ya puesta en la siguiente cita del campeonato, el samurái encara con optimismo el próximo reto del calendario. “Esperamos Brasil con muchas ganas porque podemos hacerlo muy bien”, concluyó.
El Mundial continúa, y si algo dejó claro el GP de Tailandia es que el piloto de Puçol ya tiene ritmo para pelear cada vez más arriba. Solo falta que las circunstancias acompañen para transformar ese potencial en resultados aún mayores.